NUESTRA MISIÓN
EDUCATIVA


COLEGIO INMACULADA CONCEPCIÓN
SANTA LUCÍA

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SANTA LUCÍA

ESCUELA MADRE PAULINA
MONTEVIDEO

ESCUELA MADRE PAULINA
MONTEVIDEO
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COLEGIO INMACULADA CONCEPCIÓN MONTEVIDEO
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COLEGIO INMACULADA CONCEPCIÓN MONTEVIDEO
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COLEGIO MALLINCKRODT-MARTÍNEZ

COLEGIO MALLINCKRODT-MARTÍNEZ
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COLEGIO MALLINCKRODT
BUENOS AIRES(MISIONANDO)






 

LÍNEAS PEDAGÓGICAS
BASADAS EN EL CARISMA
DE LA MADRE PAULINA

Lo que caracteriza profundamente la espiritualidad de la Madre Paulina von Mallinckrodt es su capacidad de mostrar el amor de Cristo a los demás. Ella se da entregando amor verdadero.
La Madre Paulina, si bien dio clases a las Hermanas que se preparaban para enseñar en las escuelas, no dejó escrito ningún manual de pedagogía. Su estilo pedagógico hay que rastrearlo entre sus escritos, consejos y avisos a las maestras y extraerlo de los numerosos testimonios que se conservan.

Coherente con el don carismático recibido y transmitido a las Hermanas nos enseñó que el amor es la mejor pedagogía. A lo largo de 150 años las Hermanas y todos los Docentes que trabajan en nuestros colegios lo han podido comprobar. Sólo el amor es capaz de crear. Sólo el amor es capaz de sanar, de enderezar, de despertar la novedad. El amor supera dificultades y devuelve el ánimo a los desalentados, el amor confía y se arriesga. El amor eleva al otro. El amor no se detiene ante el fracaso y siempre apuesta por el crecimiento. Todo esto está presente y es necesario en la acción educativa.
El amor sabe exigir porque busca que la persona amada desarrolle al máximo sus capacidades, los dones que Dios le regaló. Logra el equilibrio entre el apremio y la paciencia. Suaviza las asperezas, descubre lo escondido o dormido y pone en su sitio lo exaltado. El amor sabe mirar. Está atento y expectante. Nunca descansa. Es vigilante. El amor siempre espera lo bueno. Estas son actitudes básicas para todo educador.

Procurar que en el encuentro educativo se pueda sintonizar con la persona del educando, con sus capacidades, es algo que constantemente el docente debe buscar. En una verdadera relación personal el proceso de enseñanza aprendizaje puede ser fecundo. El alumno que se descubre amado aprende mejor porque se sabe valorado. Por eso es tan importante una verdadera educación personalizada, no para estar sujeto a demandas caprichosas, sino para procurar una relación pedagógica rica en la transmisión de experiencias valiosas de vida y de sabiduría.
Pero el amor no es ingenuo. Moldea con cariño pero con constancia y firmeza. Reprueba lo que está mal y no se deja engañar, siempre intuye lo que se le opone. Por eso amor y verdad no se pueden separar. Hay que enseñar la verdad. Toda la verdad. No hacerlo sería defraudar la confianza del educando, privarlo de aquello a lo que tiene derecho a conocer. Educando en la Iglesia estamos en el mejor lugar para enseñar la verdad.

La adhesión cordial e incondicional a la Iglesia, Madre y Maestra, es un pilar básico de nuestros centros educativos. Como Madre, la Iglesia siempre nos va a ofrecer lo mejor para el hombre; como Maestra nos enseña la verdad porque es columna de verdad. Suscitar el amor y obediencia al Santo Padre y a la Iglesia es para nosotras una misión importantísima. El Evangelio que la Iglesia custodia es la mejor lección para enseñar, la mejor doctrina. La vida de los santos que nos muestran cómo es posible vivirlo, es testigo elocuente dentro de las aulas.

La enseñanza de las asignaturas no podrá separarse nunca de la fuente de toda verdad: Dios. Poner de manifiesto la armonía entre fe y ciencia es darle a la realidad la posibilidad de mostrarse en su verdadera dimensión. Desvincular la interpretación de la realidad de la fe sería enseñar verdades a medias. Por eso es necesario exigir el estudio serio y responsable. Conocer profundamente la realidad temporal y nuestra fe posibilita el poder actuar con acierto en el mundo para poder cooperar en la construcción de la Civilización del Amor. Exigir esfuerzo en el ejercicio de las operaciones de pensamiento permite desarrollar las habilidades intelectuales necesarias para poder cultivar el  juicio crítico y responder de forma lúcida a los desafíos del mundo presente.

La enseñanza de las virtudes es fundamental dentro del proceso educativo. El ambiente disciplinado del Colegio permite el logro de los objetivos y, a su vez, la virtud practicada dentro del aula trasciende ese ámbito y se transfiere a otras situaciones y ambientes diferentes de los escolares. La virtud se ejercita, por eso la existencia de pautas de conducta permiten hacer un recto uso de la libertad. El dominio personal lleva al dominio de situaciones y al ordenado despliegue de la propia personalidad. El crecimiento en virtud es paralelo al crecimiento en humanidad. Este cultivo de virtudes ayuda a modelar el propio corazón para que se pueda entregar en amor maduro siendo sensible a las necesidades de los demás.

Tomarse en serio el aspirar a la santidad es la meta del Proyecto educativo. El santo es el hombre plenamente acabado. La santidad es nuestra vocación. Una intensa vida sacramental facilitada por el Colegio, sobre todo a través del amor a Jesús Eucaristía, la frecuente recepción del sacramento de la Reconciliación y la oración son parte fundamental en la vida de nuestros colegios. Asimismo es importante ofrecer los mejores programas educativos, actividades, libros y recursos didácticos, porque todo lo que enriquece a la naturaleza ayuda  a un mejor despliegue de la gracia.

Toda práctica educativa debe estar impregnada de este carisma. En ello encontrará fecundidad y transformará la tarea escolar en tarea evangelizadora y en camino de santidad para estudiantes y maestros. La fecundidad también se alcanza cuando hay coherencia entre la enseñanza recibida en el colegio y en la familia. Esta coherencia hace eficaz el aprendizaje y los quiebres de unidad ponen en peligro la solidez de la formación. El diálogo e intercambio permanente con los padres, primeros educadores de los hijos, es apreciado porque ayuda a una mejor comprensión de los alumnos. Siempre es una alegría ver a la familia en las distintas actividades, formativas y recreativas, del Colegio.
El amor no se encierra. La riqueza personal tampoco. Por eso la persona educada se abre a los demás para compartir su riqueza sobre todo con el más débil. Así, la formación recibida en el ambiente académico se transforma en ofrenda generosa al otro. Desde el otro vuelve más enriquecida para donarse nuevamente. Brindar oportunidades a las alumnas para ejercitar la caridad activamente, corona la obra educativa y la conduce a producir los mejores frutos, los que la Patria y Dios esperan.

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MADRE PAULINA
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EDUCACIÓN